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La Misa llamada «tridentina»

04 Jul Posted by in Uncategorized | Comentarios desactivados en La Misa llamada «tridentina»
La Misa llamada «tridentina»
 

“Cuando creí que había Dios, supe que no podía hacer otra cosa que vivir sólo para Él.” Beato Carlos de Foucauld (1858-1916).

Durante su vida terrestre, Nuestro Señor Jesucristo profirió las palabras que aún consuelan nuestro exilio en este valle de lágrimas: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Mt 28, 20.

Luego de su gloriosa ascensión, la promesa del Salvador se verifica de manera admirable en los frutos de santidad de la Iglesia, pues “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mt 18, 20. De modo especial, la presencia del Buen Jesús se hace igualmente visible en los que sufren: “Hijos míos en cada enfermo está Jesús que padece, en cada pobre está Jesús que languidece. En cada enfermo pobre está dos veces Jesús”. (Padre Pío) Pero de manera aún más admirable, la presencia del Señor se REALiza cada vez que el sacerdote, in persona Christi, diciendo las palabras de la consagración, hace de nuestros altares un nuevo cielo y a nosotros partícipes del Sacrificio Redentor.

La creación toda gimió a la muerte del Cordero en el Calvario, la tierra abrió sus entrañas para recibir la Sangre preciosísima del Inocente. Un solo mediador, una sola víctima, un solo sacrificio nos libró del pecado. Y cada vez que se repite el mandato del Mesías, “haced esto en memoria de mí” el drama del Gólgota se re-actualiza, al presentarse nuevamente sobre el altar el Cuerpo del Cristo (bajo las especias del pan) separado de su Sangre (bajo las especias del vino), re-presentando místicamente la dolorosísima muerte del Dios-Hombre. Si supiéramos el don de Dios, si aceptáramos consecuentemente la verdad de este gran misterio, no podríamos “hacer otra cosa que vivir sólo para Él.”

Fieles a la memoria del Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, los apóstoles y sus sucesores nos transmitieron los ritos sagrados que componen la Sagrada Liturgia, que no es la expresión de un sentimiento de los fieles, sino “el culto público que nuestro Redentor tributa al Padre como Cabeza de la Iglesia, y el que la sociedad de los fieles tributa a su Fundador y, por medio de Él, al Eterno Padre.” Pio XII, Mediator Dei

Al ser la liturgia de la Misa un acto eminentemente sagrado (es decir, misterioso, fuera de lo común, estremecedor), desde los tiempos apostólicos los ritos que la componen manifiestan a la vez los dogmas de nuestra fe, así como su grandeza insondable y el misterio que los rodea. Vestiduras sacras, gestos hieráticos, idiomas sagrados, pretenden todos llevarnos de lo visible a lo invisible, de lo natural a lo sobrenatural, elevarnos de lo ordinario a lo tremendo:

Las criaturas se pasman en tu presencia, de la que está lleno el mundo entero; y las cosas exteriores muestran ¡oh, inmutable espíritu!, una imagen, bajo la cual te encubres.

En ti está la majestad que sobre todo se encumbra, y santo, santo, santo clama.

En el capítulo V el santo Concilio de Trento afirma que “siendo la naturaleza humana tal que no es fácilmente atraída a la meditación de las cosas divinas sin pequeños artificios exte-riores, por esta razón la Iglesia, como piadosa madre, ha establecido ciertos ritos por los que alguna parte en la Misa sea pronunciada en voz baja y alguna otra en voz más alta. Ha establecido igualmente ceremonias como las bendiciones místicas; utiliza luces, incienso, vestiduras y muchos otros elementos -transmitidos por la enseñanza y por la tradición apostólica- con los que resulte puesta en evidencia la majestad de un sacrificio tan grande, y las mentes de los fieles se sientan atraídas por estos signos visibles de la religión y de la piedad a la contemplación de las cosas altísimas que están ocultas en este sacrificio”.

“La Misa llamada «tridentina» tiene un núcleo central inmutable, establecido por el mismo Cristo, continuado y perfeccionado por los Apóstoles y conservado intacto a través de dos milenios de historia. La trama de ritos y de ceremonias que la caracteriza ha ido evolucionando poco a poco hasta alcanzar una forma casi definitiva a finales del siglo III, y luego vuelta de alguna manera definitiva por san Gregorio Magno. No han faltado elementos secundarios: la solicitud materna de la Iglesia no ha cesado de restaurar y embellecer el rito, removiendo de tanto en tanto aquellas escorias que amenazaban oscurecer el esplendor original”. Sor María Francesca Perillo, Los orígenes apostólico-patrísticos de la misa tridentina

Es nuestro deseo, que los fieles puedan participar actuosamente en la liturgia que santificó a tantos santos en el pasado y que aún hoy sigue siendo fuente de vida y gracia para las generaciones que tienen ansias de encontrar al Señor en la intimidad del sagrado silencio, en la desolación del Calvario, en el santo temor del Mysterium Tremendum, en la majestad del trono excelso y sublime. Que Nuestra Madre Santísima, la Virgen de la Merced, nos conceda la gracia de vivir esta Santa Misa como Ella la vivió al pie de la Cruz. Amen.

Abate Jean de León y Gómez FSSP